Las minas de Moria eran la única solución. Gandalf contemplaba a los 35 del Ibex. Sus caras de abatimiento no dejaban lugar a la duda. Sin embargo, el mago gris podía llegar algo más allá, podía sentir su miedo. Banesto, uno de los pequeños hobbits pateaba la nieve de la montaña que los había arrojado a los infiernos desesperado.
Telefónica, de las Terras de Movistar, heredera de la banda ancha, hija de Telefostio de Narsil y Nicasia de Gondor, se dirigió con presteza a Gandalf y tras mirar de reojo y conseguir la aprobación de su capitán Santander de las colinas Centrales, jinete de Rohan, etc,etc... , le dijo:
- A Moria Gandalf, no queda más remedio, nos están dando hasta en el 7500.
Al mago gris no le hacía ninguna gracia internarse en Moria. Era muy peligroso adentrarse en aquella senda, pero perdidos soportes tan importantes sólo quedan las medidas desesperadas.
La oscuridad era total. Los pequeños chispazos puntuales los hacían avanzar un dos o tres por ciento el primer día. El suelo era resbaladizo. El agua corría mojando la roca. Alguno de los componentes del Ibex 35 resbalaba de vez en cuando arrastrando al resto hacia abajo. Se mantenían por pura inercia. Mapfre parecía muy segura, Acerinox fardaba de espada, y Enagas..., bueno a Enagas solían dejarlo el último porque tenía un problemilla de flato.
Todo discurría con más pena que gloria pero por poco tiempo. En los últimos tiempos los bancos se habían mostrado como los más traviesos del Ibex y tarde o temprano terminaban por romper el silencio. Bankinter, medio elfo-medio gilipollas, empujó una vela perforando un gran soporte excavado en la piedra de Moria... El estruendo les heló la sangre. Gandalf montó en cólera.
- Siempre los mismos, si por mí fuera os habría sacado del Ibex antes de la crisis.

No pudo decir nada más. Se giró y vió aquella mole tras él. Sacó la espada de los resultados empresariales para enfrentarse al gran Boom inmobiliario surgido de la costa. Pero su espada no pasaba por sus mejores momentos y el Boom traía un látigo con siete colas de fuego que abrasaban con cada toque, eran conocidas como: "No tengo pasta"," no me pidas", "no te doy", "¿no me has oido?"," ¿llamo a un guardia?"," lárgate" y "calladito".
Gandalf sabía que no podría vencer y trató de proteger a sus compañeros. Se plantó en el puente de los 7500 cortanto el paso al Boom, y con su vara rompió el soporte cayendo con él en las profundidades de Moria a la vez que gritaba:
- ¡Vended insensatos!
Telefónica, de las Terras de Movistar, heredera de la banda ancha, hija de Telefostio de Narsil y Nicasia de Gondor, se dirigió con presteza a Gandalf y tras mirar de reojo y conseguir la aprobación de su capitán Santander de las colinas Centrales, jinete de Rohan, etc,etc... , le dijo:
- A Moria Gandalf, no queda más remedio, nos están dando hasta en el 7500.
Al mago gris no le hacía ninguna gracia internarse en Moria. Era muy peligroso adentrarse en aquella senda, pero perdidos soportes tan importantes sólo quedan las medidas desesperadas.
La oscuridad era total. Los pequeños chispazos puntuales los hacían avanzar un dos o tres por ciento el primer día. El suelo era resbaladizo. El agua corría mojando la roca. Alguno de los componentes del Ibex 35 resbalaba de vez en cuando arrastrando al resto hacia abajo. Se mantenían por pura inercia. Mapfre parecía muy segura, Acerinox fardaba de espada, y Enagas..., bueno a Enagas solían dejarlo el último porque tenía un problemilla de flato.
Todo discurría con más pena que gloria pero por poco tiempo. En los últimos tiempos los bancos se habían mostrado como los más traviesos del Ibex y tarde o temprano terminaban por romper el silencio. Bankinter, medio elfo-medio gilipollas, empujó una vela perforando un gran soporte excavado en la piedra de Moria... El estruendo les heló la sangre. Gandalf montó en cólera.
- Siempre los mismos, si por mí fuera os habría sacado del Ibex antes de la crisis.

No pudo decir nada más. Se giró y vió aquella mole tras él. Sacó la espada de los resultados empresariales para enfrentarse al gran Boom inmobiliario surgido de la costa. Pero su espada no pasaba por sus mejores momentos y el Boom traía un látigo con siete colas de fuego que abrasaban con cada toque, eran conocidas como: "No tengo pasta"," no me pidas", "no te doy", "¿no me has oido?"," ¿llamo a un guardia?"," lárgate" y "calladito".
Gandalf sabía que no podría vencer y trató de proteger a sus compañeros. Se plantó en el puente de los 7500 cortanto el paso al Boom, y con su vara rompió el soporte cayendo con él en las profundidades de Moria a la vez que gritaba:
- ¡Vended insensatos!




















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