Ola de frío en Washington. Vacaciones de Navidad. Ningún centro comercial en cuarenta kilómetros a la redonda. Tumbado en el sofá y dispuesto a tragarme las siete películas de Harry Potter seguidas. No acabé de abrir la primera bolsa de patatas fritas cuando un helicóptero de la agencia nacional de seguridad aterrizó en medio de la calle.
- Es una emergencia nacional tienen que acompañarnos.
No nos dijeron nada más antes de meternos en el helicóptero. Desde que estalló la crisis financiera nos habían hecho varias consultas "paranormales" para tener cubiertas todas las variables posibles. Pero que los gestores de Bear Stearn fueran descendientes directos de Nosferatu, que el sello de la FED se tratara de un jeroglífico egipcio, o que el material de los billetes de cinco euros tuviese un componente químico no recogido en la tabla periódica... eran sospechas demasiado frikies... incluso para mí. Debían de andar muy perdidos.
Nuestro destino parecía ser la Casa Blanca. Scully me señaló con el dedo el grupo de gente que se disponía a subir en otro helicóptero. Se trataba de la familia Obama.
- Síganme -nos dijo el tipo trajeado que nos recibió al pié del helicóptero. Sin duda era del servicio secreto-. Hemos tenido que evacuar al presidente a Hawaii con urgencia dada la gravedad del asunto.
Entramos por la cocina y después atravesamos ocho habitaciones. Bajamos una planta y al final del pasillo a mano derecha...
- Aquí lo tienen -. El tipo del servicio secreto se quitó por fin las gafas oscuras. Aquello era un vestíbulo del que colgaban los retratos de todos los presidentes de Estados Unidos hasta la fecha-. ¡Es algo terrible!
A la derecha del retrato de George Bush se encontraba una puerta con el cartel : "Conference Room 5". En la madera había aparecido una silueta.

- Es Chiquito de la Calzada -dije. Scully me miró pero no teorizó aportando la solución técnica que podía apoyar el fenómeno en una posible y caprichosa mancha de humedad producto de la rotura de alguna bajante.
Entramos, y tras comprobar que se trataba de la puerta del aseo particular de Obama, no dejaba de darle vueltas al por qué se le había bautizado como : "Sala de Conferencias número 5". Lo primero que se me vino a la cabeza viendo la expresión de Chiquito y lo caprichoso del lugar era : "Obama, no la cagues... ¡joooooorl!"
- Es una emergencia nacional tienen que acompañarnos.
No nos dijeron nada más antes de meternos en el helicóptero. Desde que estalló la crisis financiera nos habían hecho varias consultas "paranormales" para tener cubiertas todas las variables posibles. Pero que los gestores de Bear Stearn fueran descendientes directos de Nosferatu, que el sello de la FED se tratara de un jeroglífico egipcio, o que el material de los billetes de cinco euros tuviese un componente químico no recogido en la tabla periódica... eran sospechas demasiado frikies... incluso para mí. Debían de andar muy perdidos.
Nuestro destino parecía ser la Casa Blanca. Scully me señaló con el dedo el grupo de gente que se disponía a subir en otro helicóptero. Se trataba de la familia Obama.
- Síganme -nos dijo el tipo trajeado que nos recibió al pié del helicóptero. Sin duda era del servicio secreto-. Hemos tenido que evacuar al presidente a Hawaii con urgencia dada la gravedad del asunto.
Entramos por la cocina y después atravesamos ocho habitaciones. Bajamos una planta y al final del pasillo a mano derecha...
- Aquí lo tienen -. El tipo del servicio secreto se quitó por fin las gafas oscuras. Aquello era un vestíbulo del que colgaban los retratos de todos los presidentes de Estados Unidos hasta la fecha-. ¡Es algo terrible!
A la derecha del retrato de George Bush se encontraba una puerta con el cartel : "Conference Room 5". En la madera había aparecido una silueta.

- Es Chiquito de la Calzada -dije. Scully me miró pero no teorizó aportando la solución técnica que podía apoyar el fenómeno en una posible y caprichosa mancha de humedad producto de la rotura de alguna bajante.
Entramos, y tras comprobar que se trataba de la puerta del aseo particular de Obama, no dejaba de darle vueltas al por qué se le había bautizado como : "Sala de Conferencias número 5". Lo primero que se me vino a la cabeza viendo la expresión de Chiquito y lo caprichoso del lugar era : "Obama, no la cagues... ¡joooooorl!"




















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