La entrada segura no existe

Washington DC_ Sótano del FBI_ Christmas day

Nieva. Caminar por las aceras se había convertido en un reto. El frío exterior no debería afectarnos, pero los recortes presupuestarios cargados a la crisis nos habían dado de lleno. La calefacción se encendía una planta sí y otra no. Creo que el sótano no está siquiera considerado como planta. El día que sustituyeron la garrafa de agua por una de vodka no le encontré sentido. Ahora sí.

Los sueldos están aún más congelados que la oficina, para conseguir alguna plusvalía empleamos la mayor parte del tiempo estudiando empresas y gráficos. Todos piensan que estamos persiguiendo espíritus. Bueno, la verdad es que hace tiempo que ni siquiera preguntan. Es como si no existiéramos. Una vez por semana descargo mi furia sobre la papelera cuando realizo alguna mala entrada en un valor. El lunes siempre nos sorprende otra nueva en su lugar.

El vodka casi no se aprecia en la garrafa. Jugamos a la garrafa rusa, el primero en agotarla debe cambiarla. Y no se trata de una operación sencilla cuando prácticamente debes atravesar el edificio con un alto grado de alcohol en vena. Un vistazo a la pantalla confirma que este desastroso lateral acaba con el soporte de otro de los valores de nuestra cartera.


- Mulder, no podemos seguir fingiendo ataques de espíritus que vagan por la instalación del aire acondicionado, deja en paz la papelera.

- Pero... ¿Por qué narices?. Las medias cortaban al alza, el rsi sobrevendido, la acumulación evidente... ¿Por qué?..., los impulsos marcados, el apoyo en el canal, la resistencia superada con volumen... ¿Por qué?..., los beneficios con un aumento de dos dígitos respecto al año anterior, el precio próximo a su valor contable, el PER por los suelos... ¿Por qué?..., el diferencial de compras a favor, el inframondante por la nubes, las predicciones del brujo de la esquina, los posos del café... ¿Por qué?... ¡Por qué!

Ya no sentía el frío. Incluso mi enfado, a estas alturas, se trataba tan sólo de una pose. Pisotear las papeleras no era sino la rabieta de un niño que esperaba una regañina del padre. Hacía años que esa pregunta había sido contestada. Incluso cargado de vodka hasta las cejas era consciente, de que además de todo eso, había que tener suerte.

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