Estado de Minnesota de bastos, 18:35 Horas
En determinados momentos durante la investigación de ciertos casos, no hay quien se resista a experimentar con objetos dotados de supuestos poderes paranormales o visitar lugares mágicos. Hay que estar preparado psicológicamente para ello, no todo el mundo puede soportar las consecuencias. Este era uno de esos casos.
La habitación 341 del Hotel Melia Minnesota era muy conocida en los ambientes paranormales. El hotel se construyó sobre lo que en tiempos fue un salón de recreativos. Muchos huéspedes habían asegurado escuchar por las noches pelotas de ping-pong, sonidos que recordaban a las máquinas de marcianitos y el frenético golpeteo sobre los botones de la máquina de las Olimpiadas. También es verdad que nadie hacía mucho caso de lo que se consideraba una treta publicitaria. Hasta que se produjo la primera muerte. Ahora ya eran siete, todas en la misma habitación. La 341.
Se daba la circunstancia que se producían delante del espejo de la puerta del armario. ¿Casualidad?… Se extendió el rumor de que todo aquel que se miraba en él se enfrentaba a su alma. Después de que los policías encargados del caso murieran también delante del misterioso espejo, nos avisaron.
Pedí pasar una noche en aquella habitación. Nadie del FBI puso pegas. Definitivamente quieren verme muerto.
Cuando me quedé sólo no me resistí a probar los poderes de aquel espejo maldito. Me dispuse de espaldas a él pertrechado con mi camiseta imperio antiespíritus. Me encomendé a la Virgen de Wisconsin. Y después, me giré.
Pedí pasar una noche en aquella habitación. Nadie del FBI puso pegas. Definitivamente quieren verme muerto.
Cuando me quedé sólo no me resistí a probar los poderes de aquel espejo maldito. Me dispuse de espaldas a él pertrechado con mi camiseta imperio antiespíritus. Me encomendé a la Virgen de Wisconsin. Y después, me giré.
Allí estaba mi reflejo. No era yo. A decir verdad no me sorprendió ver a aquel tipo. Tantos papeles, contratos, fondos de inversión, acciones, tarjetas de crédito…. Todo firmado…. Sin leer la letra pequeña… Lo que iba diciendo, no me sorpredió ver a Robert Flanton, el director de mi sucursal de la CAM (Caja de Ahorros de Maine).

¿En cual de los contratos le vendí mi alma al banco?..., pues…, no lo sé. Un aluvión de dudas acechaban ahora mi mente. ¿Cuando un banco quiebra, dónde van esas almas? ¿Y cuando interviene el Estado? ¿Las gestiona algún ministerio? ¿Están perdidas? ¿Por eso sentimos un escalofrío cada vez que entramos en una de sus oficinas?
Ya notaba al personal más desorientado de lo normal con la fusión de las cajas.
LA VERDAD ESTÁ EN LA LETRA PEQUEÑA




















1 comentarios:
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